Quiero citar el libro de la Dra. Estefanía Acosta, "Benedicto XVI: ¿Papa 'Emérito'?", página 74. Las negritas son mías.
"La renuncia de Benedicto XVI al cargo (munus) de Romano Pontífice no existió, por falta de objeto: Benedicto jamás hizo consistir el objeto de su "renuncia" en dicho cargo; lo que hizo, en cambio, fue renunciar a alguna de sus funciones (ministerium) inherentes al mismo (gobierno y evangelización), reservándose las restantes (oración y sufrimiento) para sí".
"Ahora bien, como este último proceder es un imposible jurídico, por conducir a un fraccionamiento de las funciones que, por derecho divino, son necesariamente inescindibles (pues la titularidad íntegra de las mismas en cabeza de una única persona es imprescindible para garantizar la unidad de la Iglesia, querida por Nuestro Señor Jesucristo), propiamente, no existió acto jurídico alguno, sino un mero apartamiento, de facto y parcial, frente a las funciones del cargo, el cual, por lo tanto, no quedó vacante según derecho".
Se cumplen nueve años de la usurpación del trono petrino por Jorge Mario Bergoglio, y Benedicto XVI sigue ahí, con las vestimentas y el tratamiento de Papa, residiendo en el Vaticano y firmando con las siglas P.P. (Pontifex Pontificum) del Papa reinante. ¿Dos Papas? Bergoglio atenta día sí y día también contra la doctrina y el magisterio bimilenarios de la Iglesia con un estilo escandaloso y estrafalario; Benedicto, con discreción y autoridad, corrige de tanto en tanto con documentos que remiten al depósito de la fe.
Los cegados no se convencerán ni aunque resucite un muerto Lc 16,31).

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